Los resultados preliminares del domingo le daban una ventaja a la candidata de oposición, pero definir un ganador podría demorar días. Los dos principales partidos se declararon ganadores. EE. UU. observa con atención.

Los hondureños acudieron a votar el domingo en lo que fue una elección mayormente pacífica y en orden pero que, sin embargo, estuvo marcada por una profunda polarización, fallos tecnológicos y temores de fraude.

El nombre del presidente de Honduras, el impopular Juan Orlando Hernández, no apareció en la papeleta, pero muchos dijeron que su presencia se hizo sentir en las urnas luego de que su gobierno ha pasado los últimos ocho años desmantelando las instituciones democráticas del país.

La contienda, que durante semanas estuvo muy ajustada, enfrentó a Nasry Asfura, el alcalde de Tegucigalpa, quien es favorable a Estados Unidos y miembro del gobernante Partido Nacional de Hernández, con Xiomara Castro, la esposa de Manuel Zelaya, un expresidente de izquierda que en 2009 fue depuesto en un golpe. De ser electa, Castro se convertiría en la primera mujer en gobernar Honduras.

La participación electoral fue una de las más altas en décadas recientes, pero había pocas esperanzas de que algo fundamental cambie en un país agotado por la corrupción y la violencia.

“Yo espero que estas elecciones sean transparentes, que no haya la misma compra de votos que siempre”, dijo Dina Padilla, quien acudió a votar en Pedregal, un barrio de clase trabajadora de la capital, Tegucigalpa.

Castro lideraba por encima de Asfura con 19 puntos porcentuales al escrutarse el 16 por ciento de las actas de los centros de votación, según el anuncio de los primeros resultados oficiales a cargo del consejo electoral la noche del domingo. Castro obtenía el 53 por ciento del voto mientras que Asfura recibía el 34 por ciento.

La elección será una prueba de la capacidad del consejo para entregar resultados creíbles luego de una profunda modificación al sistema electoral, ocasionada por acusaciones generalizadas de fraude durante la última elección en 2017.

El jefe de la misión de observadores electorales de la Organización de los Estados Americanos, el expresidente de Costa Rica Luis Guillermo Solís, dijo que el voto era “una hermosura de expresión ciudadana”, en referencia a lo que parece ser una alta tasa de participación. También hizo un llamado para que los líderes de los partidos se abstuvieran de declarar victorias mientras no se contabilizaran los resultados.

Sin embargo, los dos partidos políticos principales se proclamaron vencedores con publicaciones casi idénticas en Twitter cuando todavía había electores emitiendo sus votos, ya entrada la tarde.

Algunos votantes también se quejaron de que no habían logrado emitir su voto debido a la modificación del padrón electoral. La medida eliminó a casi un millón de personas, un intento por deshacerse de votantes fallecidos o emigrados cuyos datos se utilizaban para cometer fraude electoral, dijeron sus defensores.

El voto también se vio afectado por las caídas del sitio de internet del consejo electoral, que estuvo fuera de servicio la mayor parte del día, lo que dio lugar a conspiraciones de fraude entre una población de por sí escéptica. La autoridad dijo que estaba investigando si el fallo fue causado por un ciberataque, sin dar detalles adicionales.

SAN PEDRO SULA, Honduras — La elección presidencial se promociona como la última oportunidad de Honduras para no caer en el abismo. Cuál es el peligro depende de en qué lado estés.

La oposición de izquierda advierte a los votantes que el partido gobernante ha incrementado su control sobre las fuerzas de seguridad, los tribunales y el Congreso durante los 12 años que lleva en el poder, y que un periodo más de ese partido en el poder dejaría al país más hundido en el autoritarismo y en las garras del crimen organizado.

El bloque en el poder, el Partido Nacional, retrata a su principal rival como una comunista que convertiría a Honduras en aliada de Venezuela y legalizaría el aborto, lo que molestaría a una sociedad profundamente conservadora.

Las encuestas muestran una contienda cerrada entre el candidato del Partido Nacional, Nasry Asfura, el carismático alcalde de la capital, Tegucigalpa, y Xiomara Castro, la esposa de Manuel Zelaya, un expresidente de izquierda.

Lo mucho que está en juego y la expectativa de un resultado muy cerrado avivan temores de que haya fraude e inquietud entre los simpatizantes de ambos partidos.

De distintas maneras, ambos candidatos prometen romper con un presidente saliente tremendamente impopular, Juan Orlando Hernández, cuya gestión estuvo marcada por corrupción endémica, escaso crecimiento económico y acusaciones de narcotráfico.

El partido de Castro, quien busca convertirse en la primera presidenta de Honduras, intenta sacar provecho del deseo de cambio de los electores tras 12 años de gobierno del Partido Nacional.

“Nos ha unido una expresión: ‘¡Fuera JOH!’”, dijo Castro a una multitud de varios miles que coreaban en un mitin de campaña reciente en la ciudad de San Pedro Sula, en referencia al arraigado acrónimo del nombre de Hernández.

Asfura, un acaudalado exempresario de la construcción del partido gobernante, se hace llamar “Papi”. Ha adoptado el eslogan “Papi es diferente” para distanciarse del actual presidente. Nunca menciona en sus mítines a Hernández, cuyo índice de aprobación está cerca de llegar a un solo dígito, y el presidente en turno tampoco aparece en sus materiales de campaña.

En contraste con el distante Hernández, Asfura ha procurado crearse una imagen de hombre común capaz de lograr cosas, pues se presenta al electorado como “Papi a la orden” y se une a las multitudes que siguen su campaña con jeans deslavados y botas de construcción.

Sus propuestas se han limitado a prometer “trabajo, trabajo, trabajo”. El Partido Nacional ha dependido fuertemente de la entrega de apoyos antes de las elecciones, los cuales van desde transferencias de dinero hasta materiales de construcción. Sus propagandistas han advertido a los votantes que esta ayuda económica cesaría si pierden el poder.

El Partido Nacional también ha pintado a Castro como un izquierdista radical, lo que podría afectarle en un país conservador al que dio forma una alianza cercana con Estados Unidos durante la Guerra Fría.
Los temores de que se diera un giro brusco a la izquierda contribuyeron a derrocar al gobierno del esposo de Castro, Zelaya, quien fue electo presidente, pero fue expulsado del poder mediante un golpe de Estado militar en 2009 tras seguir las políticas de Hugo Chávez, el difunto presidente de Venezuela.

Castro ha intentado tanto calmar a los simpatizantes de izquierda de Zelaya como atraer a sectores más moderados de la sociedad. Ha construido una amplia coalición con partidos de centro e incorporado a tecnócratas respetados a su equipo económico, el cual ha recibido el respaldo del sector empresarial de Honduras.

Casi un millón de hondureños que viven en Estados Unidos eran elegibles para votar el domingo, pero los obstáculos para obtener sus documentos nacionales de identidad dificultaron su participación.

Los hondureños en Estados Unidos siguen la contienda de cerca. Sin embargo, para votar, necesitaban la nueva tarjeta de identidad nacional, que es digital y más segura, emitida hace poco por el gobierno hondureño, y afirman que es difícil de obtener.

“Pienso que fue política calculada”, dijo Juan Flores, un activista hondureño en el sur de Florida, quien dijo que había planeado dejar en blanco su papeleta porque ningún candidato ofreció propuestas sólidas para resolver la crisis migratoria.

Flores dijo que funcionarios del Registro Nacional de las Personas de Honduras instalaron consulados móviles en Estados Unidos para inscribir a personas y asignarles los nuevos documentos nacionales de identificación, pero eligieron ubicaciones a las que sería difícil viajar. En lugar de Miami, donde viven muchos hondureños, eligieron Tampa, mencionó. En Texas, en lugar de Houston, escogieron McAllen.

Poco menos de 13.000 personas en Estados Unidos se registraron para obtener los nuevos documentos de identificación, cuya distribución se programó, con poco aviso previo, para el martes y el miércoles antes del Día de Acción de Gracias, expresó Flores.

“¿Esperan que abandonemos nuestro trabajo y vayamos corriendo porque queremos votar el domingo?”, cuestionó. “Los inmigrantes fueron discriminados”.

Luis Suazo, el embajador de Honduras en Washington, reconoció que el proceso se quedó corto con respecto a la responsabilidad del gobierno de garantizar el derecho al voto de todos los ciudadanos.

Los primeros planes para lanzar las nuevas cédulas de identidad no tomaron en cuenta a la diáspora, comentó, y agregó que cuando finalmente se programaron las actividades para inscribir a los hondureños que residen fuera del país, había poco tiempo.

“En realidad, trabajaron un largo fin de semana en cada consulado”, apuntó Suazo.

Negó la sugerencia de que el gobierno privó de sus derechos de manera deliberada a los hondureños en Estados Unidos, y añadió que las agencias a cargo del esfuerzo son operadas por comités en los que los partidos de oposición tienen la mayoría.

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