Una “mezcla tipo Frankenstein” de mutaciones suscita preocupación, pero la variante puede seguir siendo vulnerable a las vacunas actuales. Si no es así, serán necesarias revisiones.


Mientras los países cortaban las conexiones aéreas con el sur de África por temor a una nueva oleada mundial del coronavirus, los científicos se apuraban el domingo para recopilar datos sobre la nueva variante ómicron, sus capacidades y —tal vez lo más importante— la efectividad de las vacunas actuales para proteger a las personas contra esta versión del virus.

Los primeros resultados son contradictorios. En entrevistas, los expertos dijeron que la variante puede ser más transmisible y más capaz de evadir las respuestas inmunitarias del organismo, tanto las adquiridas a través de la vacunación como por infección natural, que las versiones anteriores del virus.

Es posible que las vacunas sigan evitando la enfermedad grave y la muerte, aunque pueden ser necesarias dosis de refuerzo para proteger a la mayoría de las personas. No obstante, los fabricantes de las dos vacunas más eficaces, Pfizer-BioNTech y Moderna, se están preparando para reformular sus vacunas si es necesario.

“Realmente tenemos que estar atentos a esta nueva variante y prepararnos para ella”, dijo Jesse Bloom, biólogo evolutivo del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle.

“Probablemente en unas semanas vamos a tener una mejor idea de cuánto se está extendiendo esta variante y de lo necesario que podría ser impulsar una vacuna para la variante”, manifestó Bloom.

Incluso cuando los científicos apenas empezaban a examinar enérgicamente la nueva variante, los países de todo el mundo restringieron los viajes hacia y desde las naciones del sur de África, donde se identificó por primera vez ómicron. A pesar de las restricciones, el virus se ha encontrado en media docena de países europeos, incluido el Reino Unido, así como en Australia, Israel y Hong Kong.

Ómicron representa ya la mayor parte de los 2300 nuevos casos diarios en la provincia de Gauteng, Sudáfrica, según anunció el domingo el presidente Cyril Ramaphosa. A nivel nacional, las nuevas infecciones se han triplicado con creces en la última semana, y la positividad de las pruebas ha aumentado hasta el nueve por ciento desde el dos por ciento.

Los científicos han reaccionado más rápidamente a ómicron que a cualquier otra variante. En solo 36 horas desde los primeros signos de problemas en Sudáfrica el martes, los investigadores analizaron muestras de 100 pacientes infectados, cotejaron los datos y alertaron al mundo, dijo Tulio de Oliveira, genetista de la Escuela de Medicina Nelson R. Mandela de Durban.

Una hora después de la primera alarma, los científicos sudafricanos también se apresuraron a probar las vacunas contra la nueva variante del coronavirus. Ahora, decenas de equipos de todo el mundo —incluidos los investigadores de Pfizer-BioNTech y Moderna— se han unido a la carrera.


Los resultados no se conocerán hasta dentro de dos semanas, como muy pronto. Pero las mutaciones de las que es portadora ómicron sugieren que lo más probable es que las vacunas sean menos eficaces, en un grado desconocido, de lo que han sido contra cualquier variante anterior.

“Basándonos los trabajos realizados por muchas personas sobre otras variantes y mutaciones, podemos estar bastante seguros de que estas mutaciones van a provocar un descenso apreciable de la neutralización de los anticuerpos”, dijo Bloom, refiriéndose a la capacidad del organismo para atacar a un virus invasor.

Los médicos sudafricanos están observando un aumento de las reinfecciones en personas que ya han tenido COVID-19, lo que sugiere que la variante puede vencer la inmunidad natural, mencionó Richard Lessells, médico especialista en enfermedades infecciosas de la Universidad de KwaZulu-Natal.

Ómicron presenta unas 50 mutaciones, entre ellas más de 30 en la espiga, una proteína vírica en su superficie que el organismo vacunado está entrenado para reconocer y atacar.

Algunas de estas mutaciones ya se habían visto antes. Se cree que algunas de ellas han potenciado la capacidad de la variante beta para eludir las vacunas, mientras que otras probablemente han potenciado la extrema contagiosidad de delta.

El equipo de Moore es quizá el que más ha avanzado en las pruebas de resistencia de las vacunas contra ómicron. Ella y sus colegas se están preparando para analizar la sangre de personas totalmente inmunizadas contra una versión sintética de la variante de ómicron.


La creación de este “pseudovirus” —un sucedáneo viral que contiene todas las mutaciones— lleva tiempo, pero los resultados podrían estar disponibles en unos diez días.

Para imitar con más fidelidad lo que la gente puede enfrentar, otro equipo dirigido por Alex Sigal, virólogo del Instituto de Investigación Sanitaria de África, está cultivando ómicron viva, que se probará con la sangre de personas totalmente inmunizadas, así como con la de aquellos que se infectaron previamente.

Estos resultados pueden llevar más tiempo, pero deberían proporcionar una imagen más completa del rendimiento de las vacunas, dijo Sigal.

Si las vacunas resultan ser mucho menos potentes contra ómicron, es posible que haya que ajustarlas para mejorar su eficacia. Preparándose para lo peor, Moderna, Pfizer-BioNTech y Johnson & Johnson están planeando probar una versión artificial de ómicron contra sus vacunas.

Las vacunas de ARNm en particular —la de Moderna y la de Pfizer-BioNTech— fueron hechas con una tecnología que debería permitir una rápida modificación. Los científicos de Pfizer “pueden adaptar la vacuna actual en seis semanas y enviar los lotes iniciales en 100 días en caso de una variante que escapa a la vacuna” que eluda el sistema inmunológico, dijo Jerica Pitts, una portavoz de Pfizer.

El trabajo de Moderna comenzó el martes, inmediatamente después de que sus científicos se enteraran de la existencia de ómicron, la mayor rapidez con la que la empresa ha respondido a una variante, dijo Stephen Hoge, presidente de Moderna.

Incluso sin datos sobre la propagación de ómicron, era obvio que la variante sería una amenaza formidable para las vacunas, dijo.

Nussenzweig y sus colegas se están preparando para probar ómicron contra las vacunas de ARNm, así como las vacunas fabricadas por Johnson & Johnson y AstraZeneca. Esperan tener los resultados dentro de un mes.

La creación de vacunas específicas contra ómicron en tan solo unas semanas sería una hazaña milagrosa. Pero la perspectiva de producirlas y distribuirlas plantea cuestiones desalentadoras.


Si se necesitaran nuevas versiones para proteger a la gente en todo el mundo, las empresas deberían ponerlas a disposición de los países africanos que más las necesitan y que menos se las pueden permitir, dijo De Oliveira.

“Sudáfrica, al menos, ha conseguido adquirir sus propias vacunas”, dijo. Pero los países más pobres como Sudán, Mozambique, Eswatini y Lesotho necesitarán opciones de bajo costo.

Los investigadores de todo el mundo quieren evitar sacar conclusiones prematuras, un error que cometieron cuando apareció la variante beta. Las pruebas preliminares de esa variante solo tuvieron en cuenta una mutación conocida y subestimaron su capacidad para evadir el sistema inmunitario, recordó Moore. (Afortunadamente, la variante también resultó ser menos contagiosa).

Para obtener un panorama completo de la eficacia de las vacunas contra ómicron, los científicos deben observar no solo los niveles de anticuerpos, sino también las células inmunitarias que pueden reconocer y destruir las células infectadas. Las células inmunitarias denominadas linfocitos T son cruciales para evitar que una infección evolucione hacia una enfermedad grave y la muerte.

Algunas de las mutaciones de ómicron se producen en partes del virus a las que se dirigen los linfocitos T, lo que significa que la variante puede ser más difícil de reconocer para los linfocitos T.

Una simulación en computadora predijo que esas mutaciones pueden alterar unas seis de los cientos de regiones que los linfocitos T pueden reconocer, dijo Wendy Burgers, inmunóloga de la Universidad de Ciudad del Cabo.

Eso puede no parecer mucho. Pero las personas producen conjuntos diferentes de linfocitos T, por lo que, dependiendo de los blancos que las mutaciones eliminen, algunas personas apenas se verán afectadas por ómicron, mientras que otras quedarán vulnerables.


Burgers espera obtener sangre de 50 personas infectadas con la variante para evaluar cómo se desarrollarán las mutaciones en una población. Una vez que se tengan las muestras, los resultados estarán disponibles después de “probablemente una semana de trabajo y análisis hasta la madrugada”, dijo.

Incluso si las vacunas resisten a ómicron, es probable que se necesiten nuevas versiones en algún momento, y quizás pronto. El virus está adquiriendo mutaciones mucho más rápido de lo esperado, dijo Bloom.

La gripe estacional es el ejemplo que se cita a menudo de un virus que muta con rapidez y que requiere actualizaciones periódicas de las vacunas. Pero el coronavirus es “al menos comparable y posiblemente incluso más rápido que eso”, dijo Bloom. “Siempre van a surgir nuevas variantes”.

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