Los fiscales formularon cargos contra los padres del joven de 15 años, acusado de matar a cuatro compañeros, diciendo que no actuaron ante las señales de alerta que les informaron en la escuela


Sus padres le dieron un arma como regalo adelantado de Navidad: una pistola semiautomática Sig Sauer de 9 milímetros. “Mi nueva belleza”, la llamaba Ethan Crumbley, de 15 años.

El día después de Acción de Gracias, él y su padre fueron a una armería de Michigan para comprarla. Luego, el joven y su madre pasaron el día probando la pistola, que estaba guardada en la habitación de sus padres, sin seguro. El lunes, cuando un maestro reportó que habían visto al joven buscando municiones en línea, la madre no pareció alarmarse.

“No estoy enojada contigo, LOL”, le escribió Jennifer Crumbley a su hijo, en un mensaje de texto. “Tienes que aprender a que no te descubran”.

Las autoridades dicen que un día después el adolescente usó el arma que sus padres le compraron para disparar fatalmente contra cuatro compañeros de clase en los pasillos de la secundaria Oxford High School, ubicada en los suburbios de Detroit.

El viernes, Karen D. McDonald, la fiscala del condado de Oakland, reveló estos y otros escalofriantes detalles al tomar la inusual decisión de presentar cargos por homicidio involuntario contra los padres del atacante, James y Jennifer Crumbley.

McDonald dijo que los Crumbley eran culpables en el tiroteo escolar más mortífero del año porque permitieron que su hijo tuviera acceso a un arma, mientras ignoraban las flagrantes advertencias de que se encontraba al borde de cometer acciones violentas.

Las autoridades dijeron que, durante la tarde del viernes, los padres desaparecieron, por lo que el equipo de aprehensión de fugitivos del condado, agentes del FBI y el Servicio de Alguaciles de Estados Unidos buscaban a la pareja. “No pueden huir de su participación en esta tragedia”, dijo Michael Bouchard, alguacil del condado de Oakland, en un comunicado.


Los abogados dijeron que los Crumbley no habían huido, sino que abandonaron la ciudad por su propia seguridad y estaban regresando para ser procesados.

Desde el ataque de 1999 en la secundaria Columbine, los padres de los agresores en tiroteos escolares se han enfrentado a un aluvión de escrutinio público sobre las señales de advertencia que pasaron por alto y se ha debatido si deberían tener alguna culpa. Pero rara vez se les considera responsables penalmente tras un tiroteo escolar, a pesar de que muchos atacantes menores de edad consiguen las armas en casa.

Pero en una rueda de prensa extraordinaria, McDonald relató las diversas oportunidades que los familiares tuvieron para intervenir, en un recuento prácticamente minuto a minuto que reveló cómo los padres del sospechoso habían sido alertados de un dibujo perturbador con imágenes violentas que había hecho y un pedido de ayuda horas antes del tiroteo.

“No estoy diciendo de ninguna manera que una situación de tirador activo siempre debería generar una acusación penal contra los padres pero, en este caso, los hechos son atroces”, dijo McDonald.

“Como madre estoy enfadada, como fiscala estoy enfadada, como alguien que vive en este condado estoy enfadada”, añadió. “Hubo muchas cosas que se pudieron prevenir fácilmente”.

La mañana del tiroteo, el martes 30 de noviembre, los padres del sospechoso fueron convocados con urgencia a la secundaria Oxford luego de que uno de sus profesores encontró una nota alarmante que había dibujado, con imágenes de un arma, una persona que había sido herida, un emoji de risas y las frases: “Sangre por todos lados” y “Los pensamientos no paran. Ayúdenme”.

El martes, durante una reunión presencial, los funcionarios escolares les dijeron a los padres que debían buscar consejería para su hijo, Ethan, dijo McDonald. Los familiares no quisieron que su hijo saliera de la escuela ese día y no le preguntaron si tenía el arma ni registraron la mochila que llevó a la oficina, dijo McDonald

“La idea de que un padre haya podido leer esas palabras y saber que su hijo tenía acceso a un arma mortal que le habían dado es inconcebible y yo creo que es criminal. Es criminal”, dijo.

El joven volvió a clases.

Unas horas después, según las autoridades, las palabras y los dibujos siniestros se convirtieron en una matanza. A las 12:50 p. m., según el recuento de los funcionarios, Ethan Crumbley entró a un baño con su mochila y salió de ahí con la pistola y empezó a disparar.

A la 1:22 p. m., cuando corrían las noticias del tiroteo por todo Oxford, dijeron los fiscales, Jennifer Crumbley le envió un mensaje de texto a su hijo: “Ethan no lo hagas”.

Pero era demasiado tarde.


A la 1:37 p. m. James Crumbley llamó al 911 para reportar que en su casa faltaba un arma y que su hijo podía ser el atacante en la escuela Oxford, dijeron los fiscales.

Los agentes de la ley dicen que el atacante disparó más de 30 veces antes de ser detenido. Ha sido acusado de terrorismo y asesinato en primer grado por la muerte de Tate Myre, de 16 años; Madisyn Baldwin, de 17 años; Justin Shilling, de 17 años; y Hana St. Juliana, de 14 años. Otras siete personas resultaron heridas.

Esta semana, un abogado de Ethan Crumbley presentó una moción en la que se declaraba no culpable. En todo el país se ha acusado a los padres de abuso infantil, de violación de las leyes de armas e incluso de homicidio negligente luego de que, de manera accidental, sus hijos menores se hacen daño o le ocasionan daños a otros menores. Pero los expertos en regulación de armas dicen que la decisión de McDonald de culpar a los padres de un sospechoso de tiroteo masivo era casi inaudita.

“No se me ocurre un tiroteo masivo de alto perfil en el que se haya denunciado a los padres”, dijo Allison Anderman, directora de política local en el Centro de Derecho Giffords para la Prevención de la Violencia Armada.

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