Tras una reunión reciente de la ONU en la que se debatió la regulación de estas armas letales, han aumentado los pedidos para proscribirlas.

¿La razón detrás del interés? Los robots asesinos —drones, armas y bombas que deciden por su cuenta, con cerebros artificiales, si van a atacar y matar— y lo que se debe hacer, si se llega a hacer algo, para regularlos o prohibirlos.

Aunque en algún momento solo formaban parte de películas de ciencia ficción como la serie de Terminator y Robocop, los robots asesinos, conocidos en términos más técnicos como Sistemas de Armas Autónomas Letales, se han inventado y probado a un paso acelerado y con poca supervisión. Además, se han usado algunos prototipos en conflictos reales.

La evolución de estas máquinas es considerada un evento trascendental para los conflictos armados, similar a la invención de la pólvora y las bombas nucleares.

Este año, por primera vez, una mayoría de las 125 naciones que pertenecen a un acuerdo llamado Convención sobre Ciertas Armas Convencionales (CCW, por su sigla en inglés) señaló que buscaba restricciones para los robots asesinos. Sin embargo, se les opusieron los miembros que están desarrollando estas armas, en particular Estados Unidos y Rusia.


La convención del grupo terminó el viernes 17 de diciembre tan solo con una vaga declaración respecto a considerar posibles medidas que fueran aceptables para todos. La Campaña para Detener a los Robots Asesinos, un grupo de desarme, comentó que el resultado “no estuvo a la altura del rigor de la situación”.

¿Qué es la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales?

A veces conocida como la Convención sobre Armas Inhumanas, la CCW es un esquema de reglas que prohíben o restringen las armas que se considera que provocan un daño innecesario, injustificable e indiscriminado, como los explosivos incendiarios, los láseres cegadores y las bombas trampa que no distinguen entre combatientes y civiles. La convención no tiene ninguna disposición para los robots asesinos.

¿Qué son exactamente los robots asesinos?


Aunque las opiniones sobre una definición exacta difieren, en general son consideradas armas que toman decisiones con poca, o ninguna, participación de seres humanos. Las rápidas mejorías en la robótica, la inteligencia artificial y el reconocimiento de imágenes están posibilitando ese tipo de armamento.

Los drones que Estados Unidos ha usado ampliamente en Afganistán, Irak y otros lugares no son considerados robots porque los operan personas, quienes eligen los blancos y deciden si deben disparar.


¿Por qué se los considera atractivos?

Para los responsables de planear las guerras, las armas prometen mantener a los soldados fuera de peligro y tomar decisiones más rápido que los humanos, al darles más responsabilidades en el campo de batalla a sistemas autónomos como los drones sin piloto y los tanques autónomos que deciden de manera independiente cuándo atacar.
¿Cuáles son las objeciones?

Sus críticos arguyen que en términos morales es repugnante encargarles la toma de decisiones letales a máquinas, sin importar la sofisticación tecnológica. ¿Cómo una máquina puede diferenciar entre un adulto y un niño, un combatiente con una bazuca y un civil con una escoba, un combatiente hostil y un soldado herido o que se está rindiendo?

“En esencia, a nivel ético, a la sociedad le preocupa que los sistemas de armas autónomas sustituyan a los humanos al momento de tomar decisiones de vida o muerte con sensores, software y procesos mecanizados”, dijo en la convención de Ginebra, Peter Maurer, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja y un adversario manifiesto de los robots asesinos.

“Los robots asesinos producidos en masa podrían reducir el umbral de la guerra al sacar a los humanos de la cadena de muerte y liberar máquinas que podrían atacar a un objetivo humano sin ningún humano en los mandos”, dijo Phil Twyford, ministro de desarme de Nueva Zelanda.


¿Por qué la conferencia de Ginebra fue importante?

En general, para los expertos en desarme, la conferencia era considerada como la mejor oportunidad hasta el momento para idear mecanismos que regularan, o prohibieran, el uso de los robots asesinos conforme la convención.


Fue la culminación de años de debate de un grupo de expertos a los que se les pidió que identificaran los desafíos y las posibles estrategias para reducir las amenazas de los robots asesinos. Sin embargo, los expertos ni siquiera pudieron llegar a un acuerdo en cuestiones básicas.

¿Qué sucederá ahora?

Muchos partidarios del desarme comentaron que el resultado de la convención había endurecido la que describieron como una resolución para presionar a favor de un nuevo tratado en los próximos años, similar a los que prohíben las minas terrestres y las bombas de racimo.

Daan Kayser, experto en armas autónomas en PAX, un grupo defensor de la paz con sede en los Países Bajos, comentó que la ausencia de acuerdos en la convención para negociar siquiera sobre los robots asesinos fue “una señal muy clara de que la CCW no está a la altura de la tarea”.

Noel Sharkey, experto en inteligencia artificial y presidente del Comité Internacional para el Control de las Armas Robóticas, señaló que la reunión había demostrado que era preferible un nuevo tratado a más debates en convenciones.

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