Las personas con sistemas inmunitarios comprometidos están recibiendo una cuarta o quinta dosis no aprobada de la vacuna contra la covid, a pesar de la incertidumbre sobre su seguridad o efectividad.

Si se le pide que muestre su tarjeta de vacunación, Stacey Ricks puede elegir entre tres.

Ricks, de 49 años, una receptora de trasplante de riñón que toma medicamentos inmunosupresores, no desarrolló anticuerpos después de recibir sus dos primeras dosis de la vacuna de Moderna.

En junio, sin revelar que ya se había sometido a las dosis de la vacuna de Moderna, recibió una inyección de la de Johnson & Johnson antes de que las autoridades federales de salud aprobaran la tercera dosis para cualquier grupo etario.

Conseguir su cuarta y quinta dosis fue más complicado. En julio, los registros de farmacia en el área de Houston, la ciudad donde vive, finalmente mostraron sus dosis anteriores. Como tenía un certificado del médico que explicaba que no había desarrollado anticuerpos, Ricks convenció a una farmacéutica para que le diera dos inyecciones de la vacuna Pfizer durante el verano.

“Ella me decía: ‘No hay datos clínicos aquí’”, recordó Ricks. “Y yo le dije: ‘Oye, yo soy esa información clínica’”.

Ricks es una de las muchas personas con sistemas inmunitarios comprometidos en Estados Unidos que han eludido las pautas del gobierno y recibieron una cuarta o quinta dosis no autorizada.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) son los encargados de determinar cuándo se deben administrar dosis adicionales, pero algunos pacientes y sus médicos sienten que las agencias federales han actuado con mucha lentitud para proteger a los más vulnerables.

Israel ya comenzó a implementar la administración de una cuarta dosis: el primer ministro Naftali Bénet anunció el domingo que el país ofrecerá dosis adicionales a las personas de 60 años o más, así como a los trabajadores médicos, convirtiéndose en el primer país en implementar un refuerzo adicional de manera tan amplia.

En comparación, los CDC actualizaron sus pautas a final de octubre para decir que los grupos inmunodeprimidos serían aptos para una cuarta dosis seis meses después de una tercera. Para aquellos que siguieron las reglas, podrían recibir una cuarta inyección de la vacuna a partir de finales de febrero.

Pero a medida que surgen nuevas variantes como la ómicron y las tasas de vacunación continúan siendo bajas en muchas áreas, algo que preocupa a quienes tienen un sistema inmunitario débil, muchos de ellos están recibiendo dosis adicionales sin estar seguros de si son seguras o efectivas.

Por lo general, los médicos tienen la decisión de usar medicamentos aprobados fuera de los usos recomendados, así que es usual que los médicos receten una vacuna que esté completamente aprobada como la de Pfizer según lo consideren conveniente

Pero, para recibir y administrar cualquier vacuna contra la COVID-19, los proveedores deben firmar un acuerdo legal con los CDC, lo que significa que, si infringen las reglas de la agencia, corren el riesgo de ser expulsados del programa de vacunación y podrían enfrentar un proceso judicial. Los CDC también advirtieron con anterioridad que los proveedores que administran dosis no aprobadas pueden no tener protección contra demandas legales de los pacientes si algo sale mal.

Los expertos legales dicen que el gobierno ha hecho poco para hacer cumplir las regulaciones y parece poco probable que busque castigar a la mayoría de los proveedores.

La gente que recibe las dosis adicionales no está haciendo nada ilegal. Podrían enfrentar demandas si los proveedores de vacunas deciden tratar de atraparlos por mentir, pero eso es extremadamente improbable, según Govind Persad, profesor asistente de Sturm College of Law en la Universidad de Denver.

La FDA y los CDC no respondieron a las consultas para este reportaje.

Recibir dosis adicionales parece haber funcionado para algunos, hasta cierto punto. Después de la quinta dosis, el médico de Ricks le envió una nota en la que decía que había desarrollado una respuesta de anticuerpos “moderada”, pero que “todavía no era una respuesta típica”. Ella ha continuado tomando precauciones adicionales como si no estuviera vacunada.

Los investigadores dicen que es posible que algunas personas inmunodeprimidas —según su afección y los medicamentos que tomen— nunca generen una respuesta del sistema inmunitario, sin importar cuántas inyecciones reciban. Los médicos y defensores de las dosis adicionales dicen que Estados Unidos tiene un excedente de vacunas, por lo que la alternativa a menudo es dejar que se desperdicien.

Los niveles más altos de anticuerpos parecen correlacionarse con una mejor protección contra el virus, pero los investigadores no están exactamente seguros del nivel de protección que brindan las diferentes cantidades de anticuerpos y la FDA no recomienda que las personas utilicen pruebas de anticuerpos para medir la inmunidad.

Los CDC estiman que hay alrededor de siete millones de personas inmunodeprimidas en el país, pero es difícil saber quién se beneficiará de las dosis adicionales, según explica Robert Wachter, presidente del Departamento de Medicina de la Universidad de California, campus San Francisco.

En abril, con la aprobación de su equipo de trasplantes, Chris Neblett, quien hace poco se mudó a Indiana, Pensilvania, recibió una tercera dosis.

Neblett, de 44 años, no tenía idea de si la dosis adicional podría ayudarlo: los medicamentos que toma para su trasplante de riñón inhiben su sistema inmunitario y le impidieron generar anticuerpos después de recibir dos dosis de la vacuna de Pfizer.

“Claro, estábamos eludiendo la normativa, pero ¿cuáles fueron las repercusiones?, en realidad no hubo ninguna”, dijo.

Neblett generó niveles bajos de anticuerpos después de recibir su tercera dosis de la vacuna de Pfizer, pero no fue hasta su cuarta inyección en noviembre que sus niveles de anticuerpos se equipararon a la respuesta de un individuo normal y saludable.

“Si tres dosis no funcionaron para nada, probablemente deberíamos considerar algo diferente para esa cuarta dosis”, dijo Segev.

Un ejemplo, dijo, es intentar reducir o suspender la medicación inmunosupresora antes de administrar dosis adicionales, si es posible. Es uno de los muchos médicos que se quejan de que las directrices de los CDC son demasiado rígidas e impiden a los profesionales médicos tratar a los pacientes de forma individualizada.

El médico de Karen Pearce le escribió una nota en la que dice que el momento de su refuerzo “DEBE hacerse antes de su próxima infusión de quimioterapia”, un tratamiento que necesita cada seis meses para controlar una enfermedad inflamatoria de los vasos sanguíneos que pone en peligro su vida.

Pero Pearce, de 69 años y residente en Gettysburg, Pensilvania, no podrá recibir la cuarta vacuna hasta febrero, justo después de recibir su próxima infusión, lo que, según ella y su médico, haría inútil la cuarta vacuna. Esta vacuna de refuerzo ha cobrado mayor importancia con la variante ómicron, pero ningún proveedor ha accedido a ponérsela un mes antes.

“Una mayor flexibilidad en sus orientaciones podría salvar vidas, tal vez la mía”, afirma.

Otros expertos afirman que la flexibilidad de las orientaciones tiene sus límites. Recibir dosis adicionales demasiado pronto podría ser contraproducente, según Shane Crotty, profesor del Centro de Investigación de Enfermedades Infecciosas y Vacunas del Instituto de Inmunología de La Jolla.

Esto se debe a que la memoria a largo plazo del sistema inmunitario parece funcionar mejor si puede descansar entre dos vacunas, explicó, y el organismo tarda meses en perfeccionar su proceso de producción de anticuerpos tras una vacunación inicial.

Una posible alternativa a tener que recurrir a más dosis de las vacunas implica el uso de anticuerpos monoclonales para proteger a los pacientes, dijo Lianne S. Gensler, reumatóloga de la Universidad de California, campus San Francisco. La mayoría de los tratamientos con anticuerpos monoclonales han escaseado, lo que significa que solo se han utilizado como tratamiento posterior a la exposición en lugar de una medida preventiva. Para empeorar las cosas, ómicron hizo ineficaces algunos tratamientos con anticuerpos monoclonales existentes.

En diciembre, la FDA aprobó un tratamiento preventivo de anticuerpos monoclonales a largo plazo destinado específicamente a las poblaciones vulnerables, pero es posible que, al principio, las dosis sean limitadas.

Mientras tanto, las personas con sistemas inmunitarios comprometidos reflexionan sobre sus opciones imperfectas.

Patrick VanHorn, de 67 años, de Ventura, California, tiene leucemia crónica y necesita su medicación inmunosupresora para seguir vivo. No produjo anticuerpos tras su cuarta dosis de la vacuna Moderna en agosto.

Está discutiendo con sus médicos la posibilidad de una quinta dosis, pero no está seguro de que vaya a hacerlo.

“En este momento pienso: ¿para qué molestarse?”, se pregunta. “No ha pasado nada en estas cuatro primeras inyecciones. ¿Por qué creo que una quinta dosis haría algo diferente?”.

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